viernes, 25 de enero de 2008

Cuestión de actitud

Hace tiempo estuve debatiendo largo rato acerca de la influencia que puede tener una sola persona en el resto de la sociedad, o en el resto de la humanidad. Todo empezó porque alguien me achacaba que yo daba demasiado la brasa y que intentaba convencer siempre a los demás de que tenía razón. Yo argumentaba que de esta forma intentaba influir en los demás, porque así podía hacer que el mundo cambiara, según mi forma de pensar, a mejor. La respuesta era siempre la misma, que una persona no puede cambiar el mundo él solo, que no iba a conseguir nada con mi actitud. Bueno, puede que yo no consiga nada, es imposible saberlo, pero de lo que estoy seguro es de que la influencia de una sola persona puede hacer que cambien las cosas, y no me refiero a una persona importante y famosa, a la que adoren las masas, sino a una persona desconocida, alguien que con su forma de pensar y actuar puede ser ejemplo para otras personas. Digo esto porque el otro día leí un artículo sobre la vida del "Che" Guevara. En uno de sus viajes por Sudamérica, el "Che" conoció a un médico que trabajaba en un hospital de leprosos, Hugo Pesce. Su forma de pensar y de ver la vida influyeron tanto en él, que cuando publicó su libro, "La guerra de las guerrillas", le envío uno a Pesce dedicado en el que le reconocía haber provocado "un gran cambio en mi actitud frente a la vida". No es que vayamos a estar rodeados de pensadores y revolucionarios todo el tiempo, pero nunca se puede saber cuanto puede influir una persona en otra, ni cual será la magnitud de sus actos.

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