martes, 18 de marzo de 2008

Distinto rasero

No me gusta demasiado hablar de fútbol en el blog, pero la decisión de hoy del comité de competición de cerrar el campo del Betis, me parece digna de ser comentada.
En primer lugar quiero aclarar que yo soy sevillano y sevillista. No soy un cateto analfabeto, ni un delincuente, ni nada de lo que he leído estos días en algunos foros de la prensa deportiva. No me siento orgulloso de ser sevillano, tampoco me siento avergonzado. Me parece estúpido sentirse orgulloso de haber nacido en cualquier lugar, como si eso fuera mérito nuestro. Es como sentirse orgulloso de medir 1,85. Delincuentes, analfabetos y desalmados los hay en todas partes, muchos de ellos están orgullosos de ser vascos, catalanes, madrileños, valencianos, o de donde quiera que sean. Los asesinos también han nacido en un lugar, y muchos de ellos también están orgullosos. Algunos son de Pamplona, otros de Zaragoza, de Cuenca, de Salamanca, y de cualquier punto de España. Los pederastas españoles pueden ser de Soria, de Almería, de Murcia, de Castellón, de Santander, o de cualquier pueblo del país. Seguro que algunos están orgullosos.
Dicho esto, en referencia a la decisión del comité de competición, la desfachatez, la poca vergüenza y la falta de ética con la que actúan, claman al cielo. En los últimos 10 años, se han tirado en campos de fútbol de toda la geografía nacional, mecheros, monedas, navajas, petardos, botellas de plástico, botellas de cristal, una cabeza de cochinillo, y un largo etcétera, en ocasiones con más puntería que en otras. En esos 10 años, sólo dos campos han sido clausurados; los dos están en Sevilla. El comité de competición nunca repite una sanción, se la inventa cada vez, de forma que nunca se crea un precedente, y pueden seguir haciendo y deshaciendo a su antojo, favoreciendo o perjudicando a quien les apetezca o les convenga. De verdadera vergüenza, sobre todo, la impunidad con la que actúan y que nadie pueda hacer nada en contra.
Por otro lado, está el tema de la justicia ordinaria. Esto ya es más grave, al fin y al cabo el fútbol no deja de ser un juego, un deporte, que a la mayoría no nos da de comer. Pero a la justicia ordinaria si que hay que exigirle, si que hay que vigilar para que se haga verdadera justicia. Una vez identificado la persona que lanza una botella (o cualquier objeto) y pone en peligro la vida de otra persona, las leyes deben castigar de verdad a la persona, para que la próxima vez, el energúmeno de turno se lo piense dos veces. Y si hay que revisar la ley (que yo creo que sí), pues habrá que hacerlo. Que nos salga más caro ser delincuentes, ya sean asesinos, pederastas, o simplemente, un energúmeno sin cerebro.

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