lunes, 16 de junio de 2008

Libre mercado

La sociedad española es muy hipócrita. Aquí cada uno defiende sus intereses personales, aunque sea a costa de perjudicar los de los demás, e incluso defendemos intereses contrarios cuando pasamos de una posición a otra. El tema de la vivienda es el caso más llamativo. Cuando no tenemos vivienda, queremos que se nos facilite el acceso a una, con precios bajos, aumentando el número de viviendas de protección oficial (VPO). Sin embargo, cuando compramos una VPO, queremos poder venderla a un precio superior, sin esperar los 10 años reglamentarios. O sea, cuando no tenemos vivienda, queremos que sea barata, pero a la hora de venderla, nadie vende barato, ni siquiera los que compraron barato. Esta dualidad de nuestra sociedad se puede comprobar ahora en el sector de los transportistas. Un sector que sólo se moviliza cuando le tocan el bolsillo. La principal exigencia tras la vertiginosa subida del combustible (cuestión que el gobierno debería solucionar) es el establecimiento de una tarifa mínima por porte, lo que significa una regulación de los precios por parte del gobierno. Exigen que los precios sean regulados, ahora que el libre mercado les ha dado un revés, pero no se manifiestan para exigir que se regule el mercado de la vivienda, que nos afecta a todos. Lo que piden es ganar más dinero, y no que baje el precio del gasoil. Pues si no les compensa trabajar con el precio actual del combustible, que no trabajen, que ya vendrá quien sí lo haga, eso es lo que tiene el libre mercado, y si no nos gusta, más nos vale manifestarnos para cambiar el sistema a fondo, y no poner parches para cada situación. Aunque eso seguramente no le conviene a muchos.

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