sábado, 13 de diciembre de 2008

Daños colaterales

El mayor problema de este país es que la mayoría de la gente no ve más allá de sus narices. Todo lo que no nos afecte a nosotros o a las personas que tenemos más cerca, es como si no existiera. Esto se agrava sobremanera en ámbitos laborales.

Una persona se junta con un amigo para montar una empresa. Empiezan a contratar gente y comienzan a salir proyectos. Todo marcha bien, cada vez contratan más personal y van consiguiendo más clientes. Están ganando dinero y las perspectivas son buenas, se mudan de sus pisos a unas casas en las afueras, renuevan sus coches por otros de gama alta. La vida les sonríe, no tienen problemas económicos y eso hace que desaparezcan muchos otros problemas. Pero no se preocupan de sus empleados, a ellos les va bien y eso es lo único que les importa. En principio es algo totalmente lícito y puede ser comprensible. Cada cual tiene sus problemas, yo te pago "X" y tu te conformas con eso o te vas a otra empresa. La vida sigue igual, al menos en un principio. Pero veamos las consecuencias.
Un empleado de la empresa decide comprar un piso junto con su novia. Él no gana mucho dinero, pero tienen dos sueldos y pueden afrontar una hipoteca. Piden un préstamo y se lo conceden, se compran la casa y se van a vivir juntos. Consiguen llegar a fin de mes sin demasiados apuros, pero sin ahorrar nada. Aún así son personas sencillas y se conforman con el estilo de vida que llevan. Se permiten ciertos caprichos, un televisor de plasma, un equipo de música, viajan de vez en cuando, etc. El tiempo pasa y el coste de la vida va aumentando, suben las hipotecas (Euribor), sube la gasolina y sube hasta el pan. Los sueldos sin embargo no suben, o suben a menor ritmo que el resto de las cosas. Mucha gente que no quiere reducir su calidad de vida pide créditos personales o solicitan tarjetas de crédito, para poder seguir dándose sus caprichos. Otros se conforman y dejan de comprar ciertas cosas. Ahora el cambio de coche se retrasa, todavía puede dar varios años de servicio.
El tiempo sigue pasando y el coste de la vida sigue subiendo a mayor ritmo que los sueldos. Muchos de los que pidieron créditos no consiguen llegar a fin de mes y dejan de pagar la hipoteca. El resto sigue sin poder cambiar de coche, ni irse de viaje, ni cambiar la cocina. Bajan las ventas en la mayoría de los negocios.
El empleado de la empresa y su novia no pueden comprarse un coche nuevo, el concesionario tiene que reducir el número de pedidos a la fábrica, la fábrica tiene que bajar el ritmo de producción, por lo tanto cancela varios pedidos a una fábrica de acero. La fábrica de acero es uno de los clientes de la empresa que montaron los dos amigos, y esta, al ver reducido el negocio, decide prescindir de sus servicios. El círculo se ha completado, y lo que en un principio no les afectaba, acaba por arruinarlos y terminan cerrando la empresa.

Esto no es más que una historia, los personajes no son personas de verdad, pero todo está basado en hechos reales, seguro que hay muchos casos como este, o similares. Para mí siempre ha sido algo bastante lógico y evidente que estas cosas terminarían pasando, en las entradas antiguas del blog he hablado en varias ocasiones sobre esto, antes de que la crisis fuera algo oficial. Pero parece que a la mayoría le cuesta ver más allá de mañana, no tienen visión de futuro, y muchas de esas personas son las encargadas de sostener la economía, son los dueños de las empresas o los accionistas de los bancos, los que de verdad mandan en este país, y eso es algo muy grave.

1 comentario:

Stultifer dijo...

Hay familias que cobrando 7.000 euros mensuales entre dos no llegan al fin de mes. A más ingreso, más gasto. A veces los culpables somos nosotros mismos que solo vemos lo que hay en un televisor: Consumo y consumo. Pocos, incluso las nuevas empresas, hacen estudios de mercado sobre posibilidades de futuros pagos. Algunos compraron una vivienda teniendo exclusivamente seguro el primer mes de la hipoteca. Ahora, así les va.