martes, 13 de octubre de 2009

La verdadera historia de la cigarra y la hormiga

«Erase una vez una hormiga muy trabajadora que se pasaba todo el día recogiendo comida. Recorría grandes distancias para buscar trozos de frutos secos o cáscaras que llevar al hormiguero. Durante los meses de verano se dedicaba a guardar alimentos para poder pasar todo el invierno.

Cerca del hormiguero vivía una cigarra que durante todo el verano se dedicaba a tomar el sol, o lo que quiera que haga una cigarra para divertirse. No daba un palo al agua y aprovechaba los trozos que se le caían a la hormiga para sobrevivir, la muy cigarra.

La hormiga, debido al gran esfuerzo realizado durante el verano, envejecía más rápido. Todo el duro trabajo acortaba su vida sensiblemente, y ya empezaban a asomar las primeras canas. La cigarra sin embargo se mantenía joven y en buen estado. Por su cara no pasaban los años. A pesar de tener la misma edad, la cigarra podía pasar perfectamente por ser hija de la hormiga.

Además del esfuerzo físico, el estar todo el día trabajando hacía que la hormiga estuviera siempre de mal humor. Su carácter se había agriado con los años y era cada vez más huraña. La cigarra sin embargo era feliz como una lombriz (todo lo feliz que puede ser un gusano ciego que vive bajo tierra). Se pasaba la vida sin hacer el más mínimo esfuerzo, sobreviviendo gracias a los demás, de las limosnas de otros animales.

Pero entonces llegó el duro invierno, y la hormiga se encerró en su hormiguero satisfecha por el trabajo realizado, y pensando, a ver como se ríe ahora la jodida cigarra, cuando no tenga nada que comer y esté muriéndose de frío ahí fuera. Entonces sonó el timbre del hormiguero y al abrir la puerta, ahí estaba la cigarra.

"Hombre hormiga, ¿qué tal estás? Pasaba por aquí y me dije, voy a hacerle una visita a mi gran amiga la hormiga".

Y como los animales son muy hipócritas, la hormiga no se atrevió a decirle en la cara lo que pensaba a la cigarra. Y esta se pasó todo el invierno gorroneando en el hormiguero, sin pasar frío, comiendo lo que había recolectado la hormiga. Así hasta que llegó el verano, salió de nuevo el sol y la cigarra al comprobarlo le dijo a la hormiga:

"Bueno, me voy que se me hace tarde, ya si eso nos llamamos". Pero no volvió a visitarla en todo el verano.»

Amigos, no seáis hipócritas.

5 comentarios:

Maybellene dijo...

Este cuento es de los que más me han gustado siempre pero esta versión también está muy bien ;)

Alury dijo...

Creo que eso de decirle a la cara a la gente lo que pienso lo estoy aprendiendo a hacer desde hace muy poco...
Siempre me lo había callado todo y la gente me cogía la mano, el brazo y, si era posible, hasta una teta!!!

Nesta dijo...

@Maybellene, quería darle un final inesperado.

@Alury, si te piden tu opinión es mejor ser sincero, aunque tampoco hay que ir soltándole a todo el mundo lo que piensas en la cara como si estuvieras en gran hermano, que a veces la gente confunde la sinceridad con las ganas de tocar la moral...

antonio dijo...

Esperamos la segunda entrega en la que la hormiga se despeina y toma las riendas para conducir su propio carro. Claro que tendrá necesariamente que renunciar a la santidad y al post-paraiso. A cambio, hará un gran descubrimiento: se es razonablemente feliz cuando uno hace lo que cree que tiene que hacer.

Nesta dijo...

@antonio, aunque parezca raro, hay gente que es más feliz siendo políticamente correcto.