jueves, 25 de febrero de 2010

Entrevista a Pablo Motos

Buenos días Pablo.

Buenos días, ¡relájate!

Sí, sí. Hemos leído que estás preparando un nuevo proyecto para la televisión. ¿Crees que Cameron Diaz estaría más guapa morena?

Eeeeh, pues creo que no. Verás, estamos trabajando en un nuevo formato...

Qué bien Pablo. ¿Has visto lo que ha pasado con Locke en Perdidos?

Bueno, todavía me estoy descargando el tercer capítulo, es que el ADSL en mi casa no va muy bien. Por cierto, hablando de Internet, el nuevo programa que estamos preparando...

¡Estupendo! Pablo, ¿alguna vez te has acostado con dos hermanas siamesas?

De mi vida privada prefiero no hablar, además ahora estoy muy liado también con un libro que...

¡Genial! ¿Por qué no te quitas la camiseta y haces 500 abdominales?

Oye, ¿podemos hablar de mi nuevo proyecto?

¡Claro que sí! ¿Mezclamos óxido nitroso con ácido clorhídrico a ver que pasa?

Bueno, tengo que irme que mañana madrugo.

Muy bien Pablo, vete a dormir.

Inspirado en estas entrevistas.

martes, 16 de febrero de 2010

Chatroulette

El otro día descubrí en el blog Pajas Mentales una maravillosa página para conocer gente mediante la webcam. Chatroulette es como la ruleta rusa de las webcams, nunca sabes la mierda que te puedes llegar a encontrar. Como estaba aburrido y ocioso, se me ocurrió hacer unos carteles para mosquear un poco a los internautas de habla inglesa (que supuse eran mayoría en esta web).


(¿Quieres ser feliz?)


(Sal afuera y conoce a gente de verdad)

Estos son algunos de los resultados obtenidos:

Gente que se lo toma bien.


Es feliz.


Uno que seguirá el consejo.


Más vale tarde que nunca.

Gente muy vaga, procrastinadores.


Claro, y con el fiestón que tienes en casa...


Escueto.


Tristón.

Uno que se siente defraudado.


Todos sabemos lo que estaba pensando.

Otro que se sorprende.


WTF?

Gente impasible.


Son de cera.

Inclasificables.


Bonitas gafas.


Este quería que le enseñara mi gallo(¿?).


Pitufos y enanitos y uno que quiere ser médico, el sueño de cualquier psicólogo.

Y lo que todos estabais esperando, tías en pelotas.



Lo paradójico de todo esto es que sea una persona encerrada en su casa y conectada a Internet la que les diga a otras que salgan a la calle a conocer gente .

domingo, 14 de febrero de 2010

Todo el mundo odia a Chris

Hace poco he descubierto una serie que me ha sorprendido, Todo el mundo odia a Chris, una serie autobiográfica creada por el cómico Chris Rock, que además es el narrador de la misma.

La echan en Cuatro en un infame horario, sobre las 2 de la madrugada, pero como soy medio vampiro, ya he visto varios capítulos. Es bastante entretenida, y como serie de humor, mejor que muchas de las cosas que echan en televisión hoy en día, lo cual me hace preguntarme por qué Cuatro emite algo así en ese horario.



"Os daré tal golpe que volverá a ser anoche".



"En eso consisten las artes marciales, aprender formas de matar y luego no hacerlo."

sábado, 13 de febrero de 2010

El culto al trabajo

«Trabajad, trabajad, proletarios, para aumentar la riqueza social y vuestra miserias individuales; trabajad, trabajad, para que, volviéndoos más pobres, tengáis más razones para trabajar y ser miserables. Tal es la ley inexorable de la producción capitalista.

[...]

En vez de aprovechar los momentos de crisis para una distribución general de los productos y una holganza y regocijo universales, los obreros, muertos de hambre, van a golpearse la cabeza contra las puertas del taller. Con rostros pálidos, cuerpos enflaquecidos, con palabras lastimosas, acometen a los fabricantes: "¡Buen señor Chagot, dulce señor Schneider, dadnos trabajo; no es el hambre sino la pasión por el trabajo lo que nos atormenta!". Y estos miserables, que apenas tienen fuerza para mantenerse en pie, venden doce y catorce horas de trabajo a un precio dos veces menor que en el momento en que tenían pan sobre la mesa. Y los filántropos de la industria aprovechan la desocupación para fabricar a mejor precio.»

Fuente.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Jubilados

Mi padre trabajaba en un banco. Con 52 años, ya está prejubilado. Las propuestas de prejubilación para muchos trabajadores de banca llegan por parte de los propios bancos, muchas de ellas con menos de 55 años.

Por otra parte, el gobierno dice que, o nos jubilamos con 67 años, o nos comeremos los mocos cuando seamos viejos. El envejecimiento de la población es algo indiscutible si la tasa de natalidad no aumenta, pero resulta paradójico que, hoy por hoy haya gente que se prejubile con cincuenta y pocos años, y en el futuro tengamos que jubilarnos con 67. No sé, me da que tiene que existir un término medio.

Para poder cobrar la jubilación completa hay que cotizar un mínimo de 15 años, pero es obligatorio llegar a los 65 años salvo casos muy concretos. Esto no tiene mucho sentido si tenemos en cuenta que, una persona que empezara a trabajar con 45, a los 65 tendría cotizados 20 y cobraría la jubilación completa, mientras que una persona que empezara con 20, a los 65 tendría cotizados 45 y estaría en la misma situación.

Mi padre empezó a trabajar con 14 años, así que con 29 años ya tenía el mínimo necesario para jubilarse; con 49 años ya había cotizado 35 años, más de lo que muchas personas cotizarán a lo largo de toda su vida laboral. Por lo tanto, parece justo que pudiera jubilarse antes. Sin embargo tuvo que renunciar a cobrar el 100% de su pensión para poder prejubilarse. Tendría mucho más sentido que la jubilación estuviera en un tramo de edades, siempre que se tuvieran un mínimo de años cotizados. Algo así:



Esta es mi propuesta para el gobierno, aunque siempre se podrían variar las cifras. Aquí lo dejo por si alguien me hace caso.

martes, 9 de febrero de 2010

La inteligencia NO está en la red

No señor Alierta, la inteligencia no está en la red; la suya puede que no la encuentre, pero la mayoría de los humanos la tenemos en nuestros cerebros, y la desarrollamos en nuestros cuadernos y nuestros ordenadores, en nuestros sueños y pensamientos. Su red es solo una forma de intercambio de conocimientos, pero no es una condición necesaria para el mismo. Un chimpancé con conexión a Internet, no deja de ser un chimpancé (con todo el respeto que me merecen los chimpancés).

domingo, 7 de febrero de 2010

Fuera de contexto

"Si hubiese inventado la tortilla, posiblemente ahora sería la tortillera más famosa del mundo".

Mi novia la otra noche, en una conversación sobre inventos.

sábado, 6 de febrero de 2010

jueves, 4 de febrero de 2010

Intente ser feliz

"El dinero no da la felicidad, pero ayuda". Esta frase que ya se ha convertido en un tópico, tiene su parte de razón. Efectivamente, el dinero no da la felicidad. La mayoría piensa que si tuviera mucho dinero sería más feliz, pero numerosos estudios demuestran que la felicidad de la gente no depende de factores como el dinero. Del típico salud, dinero y amor, solo este último parece tener cierta relevancia en este aspecto. Las personas casadas o con pareja suelen ser más felices (o sentirse más felices) que las solteras, y estas más que las separadas o viudas.

Cuando hablamos de felicidad, mucha gente lo confunde con la ausencia de problemas. La felicidad por definición es una emoción, y como tal, fluctúa. No podemos pretender vivir en un estado permanente de felicidad, eso no existe, y nuestro cerebro no lo permitiría. Las emociones intensas como la felicidad o la tristeza desgastan nuestra cuerpo, y el cerebro humano tiene un sistema que las regula intentando permanecer en un estado intermedio de calma y bienestar. Pero la calma y el bienestar no son sinónimos de felicidad.

Una persona puede tener la vida solucionada, tener dinero para hacer lo que quiera, no tener ningún problema, y aun así no ser feliz. Y el dinero no soluciona todos los problemas. Puede que solucione los problemas que tenemos la mayoría en estos momentos, pero también puede crear otros nuevos. Además, el hecho de tener el dinero suficiente para poder obtener lo que queramos en cada momento, hace que la sensación de felicidad disminuya.

Esto que puede parecer una perogrullada, o que algunos pensarán, es la excusa que ponemos los pobres, tiene una explicación lógica. El cerebro, en su intento por minimizar el desgaste del organismo, tiende a mantenernos en un estado de sosiego emocional. Cuando sufrimos una desgracia, el momento inicial es el más duro, y pensamos que no podremos superarlo nunca, pero con el tiempo, nos acostumbramos y el dolor pasa a un segundo plano. Es necesario este sistema para poder vivir, porque el estrés producido por las emociones fuertes nos nubla la mente y no nos deja actuar con claridad.

Con las emociones positivas pasa lo mismo. La mayoría de las personas a las que les toca la lotería experimentan un fuerte sentimiento de felicidad inicial, pero con el tiempo este se pasa, y cuando se les pregunta, la mayoría se siente igual de feliz que antes de haber ganado ese dinero. Si tenemos dinero suficiente para poder comprar todo lo que queramos, quizás al principio nos sintamos pletóricos y exultantes, pero a la larga, nuestro sistema se regulará para volver a un estado intermedio, y lo que antes nos producía gran alegría, se convertirá en una rutina. Puede sonar a manido, pero es la realidad; los psicólogos también viven de gente con dinero (seguramente más que de la clase media).

Si después de leer todo esto seguís pensando que el dinero os hará felices, pensad una cosa. ¿Os parecía Michael Jackson una persona feliz? ¿Seríais felices si vuestra pareja muriera ahora mismo y a la misma vez heredarais una fortuna?

Fuente.

martes, 2 de febrero de 2010

Decisión

Un hotel de Londres. El físico Richard Glauber espera en su habitación a que empiece la convención en la que explicará su gran descubrimiento. Richard ha encontrado la forma de salvar la vida a más de mil millones de personas que morirán de hambre en el próximo año. Un método para acelerar el crecimiento de las plantas, de forma que se pueda multiplicar por diez la producción mundial de cualquier verdura, fruta u hortaliza en tan solo unos días. Durante la convención explicará el fundamento de su descubrimiento y detallará los estudios llevados a cabo.

Dos horas antes del gran momento decide tumbarse y descansar un poco. Cuando abre los ojos se encuentra atado de pies y manos y amordazado. Está tumbado en una cama, pero no es la de su habitación, ni siquiera está en el hotel. Se encuentra en un cuarto sin ventanas, con tan solo una cama, una silla, un escritorio y la puerta. Dos hombres armados están de pie junto a ella, hablando. Cuando ven que se ha despertado se acercan a él y le quitan la mordaza de la boca. Uno de ellos comienza a hablar mientras el otro vuelve a la puerta para vigilar.

- Buenas tardes señor Glauber. Sentimos la forma en la que le hemos traído, pero no nos quedaba otro remedio.
- ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren de mí?
- No importa quienes seamos, lo que importa es por qué está usted aquí.
- ¿Por qué estoy en esta habitación? Díganmelo ustedes que me han raptado.
- No en la habitación, sino en el hotel. Usted ha hecho un gran descubrimiento, algo que según su criterio es bueno para la humanidad, y pretende revelarlo al mundo.
- Según mi criterio y el de cualquier persona con dos dedos de frente. Voy a salvar la vida a mil millones de personas.
- Muy noble por su parte. No dudamos de su buena intención, pero, ¿se ha parado a pensar en las consecuencias que tendría?
- ¿Acaso hay algo peor que la muerte de millones de personas?
- La muerte es solo una circunstancia. ¿Es mejor vivir en condiciones infrahumanas o estar muerto? No podemos ser tan reducionistas, la moralidad es algo totalmente relativo. ¿Es mejor que mueran diez personas o diez mil? ¿Y si esas diez mil personas son asesinos pero las diez son dictadores? Cada situación requiere un análisis profundo y meditado.
- Sigo sin ver que puede ser peor que la muerte de millones de personas.
- Intentaré explicarle la situación. La población del planeta está apunto de sobrepasar un límite muy peligroso. Aunque lográsemos multiplicar o acelerar la producción de alimentos, seguiríamos teniendo un problema de espacio. No quedan tierras que cultivar. Salvar a millones de personas supondría a la larga un grave problema, podríamos alimentarlas a todas durante un año, pero al año siguiente habría que buscar otra solución. Hoy por hoy nadie ha planteado ninguna, y pensamos que no existe nada que se pueda hacer. Solo podemos prorrogar lo inevitable. La saturación del planeta solo tiene una solución, por muy reprochable que pueda parecer. No estamos hablando de acabar de forma arbitraria con millones de personas, pero la solución que usted plantea es solo provisional, y a la larga hará que todo empeore.
- Pero al menos tendremos un año más para buscar nuevas soluciones.
- Si hemos tardado décadas en encontrar una solución provisional, ¿cree que en un año tendremos la solución definitiva?
- Dejar morir a esas personas teniendo en nuestras manos la forma de salvarlas es lo mismo que matar arbitrariamente.
- Piense bien lo que dice. Usted no está salvándolas, solo les está dando un año de vida.
- Un año de vida es más de lo que les da nadie.
- Esperábamos que fuera usted más razonable.
- Si piensan matarme no servirá de nada, hay más gente colaborando conmigo, y mi desaparición levantará sospechas.
- No somos estúpidos, no podemos matarle. Solo queremos que entre usted en razón. No piense mal de nosotros, no somos terroristas, solo velamos por el bien del planeta, un bien que usted no puede o no quiere ver. En la habitación de al lado están su mujer y su hija. Mire.

El otro hombre abre la puerta y desde el hueco puede verse la otra habitación. La mujer de Robert y su hija están tumbadas en una cama, dormidas, tal vez drogadas.

- ¿No son terroristas pero van a asesinar a una mujer y una niña totalmente inocentes?
- La decisión es suya señor Glauber. Usted decide quien muere, su mujer y su hija, o millones de personas desconocidas.
- ¿No pretenderán que tome esa decisión yo? Son ustedes los que apretarán el gatillo.
- Pero usted tiene la manera de salvarles la vida, tanto a unos como a otros; haga lo que haga estará tomando una decisión, dejar que mueran o salvarles. La diferencia es que si salva a su mujer y a su hija, podrá pasar el resto de su vida con ellas, pero si deja que mueran para salvar a millones de personas, estas acabarán muriendo igualmente al cabo de un tiempo. ¿Realmente es una cuestión de cantidad, o de calidad?

El silencio se apodera de la habitación durante unos segundos. La mente de Richard, tan genialmente dotada para la ciencia, se debate ahora ante una decisión moral para la que no está preparado. Toda su formación, todos los años de estudios, toda su carrera profesional, no le sirven llegado este momento en el que las vidas de otras personas están en sus manos. Su cerebro procesa todas las posibilidades y todas llevan al mismo punto.

En un descuido de sus captores, se lanza sobre uno de ellos, agarra la pistola y consigue dispararse en la cabeza. No es una solución elegante, no garantiza la vida de su mujer y su hija, tampoco la de los millones de personas, pero es la única. Quizás decidan dejar libre a su familia ahora que no pueden coaccionarle, o tal vez los maten para no dejar cabos sueltos. Puede que las investigaciones continúen tras su muerte y se salven millones de vidas, o puede que no. Incluso ahora que su fin es inminente, la posibilidad de que su descubrimiento fuera un perjuicio para el planeta a la larga, le parece coherente. Un último pensamiento ronda su mente moribunda, ¿habrá tomado una decisión valiente quitándose la vida, o será la huida cobarde de quien no tiene salida?