sábado, 13 de febrero de 2010

El culto al trabajo

«Trabajad, trabajad, proletarios, para aumentar la riqueza social y vuestra miserias individuales; trabajad, trabajad, para que, volviéndoos más pobres, tengáis más razones para trabajar y ser miserables. Tal es la ley inexorable de la producción capitalista.

[...]

En vez de aprovechar los momentos de crisis para una distribución general de los productos y una holganza y regocijo universales, los obreros, muertos de hambre, van a golpearse la cabeza contra las puertas del taller. Con rostros pálidos, cuerpos enflaquecidos, con palabras lastimosas, acometen a los fabricantes: "¡Buen señor Chagot, dulce señor Schneider, dadnos trabajo; no es el hambre sino la pasión por el trabajo lo que nos atormenta!". Y estos miserables, que apenas tienen fuerza para mantenerse en pie, venden doce y catorce horas de trabajo a un precio dos veces menor que en el momento en que tenían pan sobre la mesa. Y los filántropos de la industria aprovechan la desocupación para fabricar a mejor precio.»

Fuente.

2 comentarios:

antonio dijo...

Cierto. No aprendemos nada. Es un hecho probado que los grandes capitales se han formado en las épocas de crisis. Las crisis son una oportunidad para consolidar el sistema y eternizar el reparto injusto. Naturalmente se admiten advenedizos que compesarán las bajas de anteriores poderosos venidos a menos. Pero la masa en general, creo que sale en peor situación y tiene que pagar los rotos y descosidos de más de un listillo. Buen finde.

Nesta dijo...

@antonio, tú lo has dicho, no aprendemos nada.