viernes, 30 de abril de 2010

Salva una vida

lunes, 26 de abril de 2010

Donante

Tengo fobia a las agujas. Bueno, no sé si eso existe, pero es algo que me supera. Cuando en una escena de una película van a clavarle una aguja a alguien, tengo que apartar la vista; me entran hasta escalofríos. Cuando he tenido que hacerme un análisis de sangre lo he pasado fatal. Es una cosa que me gustaría vencer, me encantaría no sentir esa sensación que me recorre la espalda cada vez que pienso en una aguja clavándose en un brazo, atravesando la piel. Incluso escribiendo esto se me pone la piel de gallina.

El principal inconveniente de esto es que nunca he donado sangre. Sé que es por pura cobardía, no intento justificarme ni poner excusas. También sé que si un familiar o un amigo necesitara sangre, no dudaría en donársela. Pero me cuesta dar el paso de ir a donar sangre solo por pura generosidad.

Como me siento un poco mal por esto, he pensado como podría ayudar sin donar sangre, y se me ocurre que podría evitar que muchas personas necesitaran transfusiones, donando un poco de sentido común. De hecho, creo que si todo el mundo siguiese estos consejos, se ahorraría mucha más sangre de la que puedo donar en toda mi vida.

Consejo nº 1: No te pongas delante de un toro. Si no te va la vida en ello, es mejor no enfrentarse a un animal de media tonelada que puede destrozarte con una cornada. Si es tu trabajo, búscate otro. Sé que puede sonar desconsiderado, pero los verdugos profesionales también tuvieron que reciclarse, es ley de vida.

Consejo nº 2: No conduzcas a 160 km/h (o más) por carreteras españolas. Si quieres matarte, haznos un favor a todos y tírate de un puente, pero procura no fallar, que los servicios médicos los pagamos entre todos.

Consejo nº 3: No vayas a un conflicto armado como militar. De nuevo, puede que sea tu trabajo y pienses que es muy hipócrita por mi parte decir esto, pero recuerda que es solo un consejo, si te apetece ponerte a pegar tiros yo no voy a interponerme. De todos modos, matar está feo, ¿no has pensado en dedicarte a otra cosa?

NOTA ACLARATORIA: Este punto no va dirigido a los miles de soldados que participan única y exclusivamente en misiones humanitarias, pero me gustaría conocer a alguno que se negara a ir a un conflicto armado como la invasión de Iraq cuando se lo ordenaron.

Consejo nº 4: No trafiques con drogas. La profesión de narcotraficante es muy peligrosa, y te arriesgas a ser herido en cualquier momento. Sé que levantarse todos los días a las 7 de la mañana es un coñazo, pero vivir al borde de la muerte es muy estresante.

Bueno, espero que al menos una persona siga alguno de estos consejos y se ahorre una visita a urgencias. Y si estás pensando en insultarme en los comentarios, lee esto por favor.

domingo, 18 de abril de 2010

La Ley Brady

En Estados Unidos, para comprar un arma de fuego en un establecimiento reconocido a nivel federal, hay que esperar un periodo de tiempo para que las autoridades puedan investigar al comprador, evitando así que personas con antecedentes o con problemas mentales graves puedan comprar armas (al menos por este medio; seguro que en EE.UU. comprar un arma es más fácil que encontrar aceite de oliva).

Esto es así porque en 1981, en un atentado contra Ronald Reagan, James Brady, secretario de la Casa Blanca, fue gravemente herido. Ya habían herido antes a otra gente con armas de fuego en los Estados Unidos, incluso creo que hubo algún muerto.

Es lo que tienen las leyes, que normalmente las aprueban personas que están un poco al margen de la cotidianidad de la gente. Por ejemplo, la Ley de Economía Sostenible regula el cierre de páginas web sin la intervención de un juez, para proteger los derechos de autor, olvidándose de otros derechos como la neutralidad de la red. ¿En qué va a influir esto en la vida de Zapatero o la de alguno de sus ministros (o menestras)? Pues eso.

¿Significa esto que debemos disparar a algún gobernante para que nos haga caso? Bueno, creo que primero deberíamos agotar la vía diplomática.

martes, 13 de abril de 2010

Malviviendo a lo South Park

Cómo se han currado la entrada del último capítulo de Malviviendo.

viernes, 9 de abril de 2010

Esos chorretones...

Efectivamente. Por si alguien lo dudaba, en Sevilla todo el mundo habla así:

miércoles, 7 de abril de 2010

Bipartidismo

En un capítulo de Los Simpsons, dos alienígenas llegan a la Tierra para conquistarla. Capturan a Bill Clinton y a Bob Dole (presidente demócrata y senador republicano de los Estados Unidos respectivamente, ambos candidatos de sus partidos a la presidencia en aquellos momentos) y se hacen pasar por ellos para ganar las elecciones y gobernar el país. Homer los descubre y acaba revelando a todos los asistentes a un mitin la verdadera identidad de los extraterrestres. Estos sonríen alegando que, como el sistema es bipartidista, tienen que votar a uno de los dos. Un ciudadano que estaba allí comenta que él votará al tercer partido, a lo que uno de los extraterrestres contesta, "adelante, si quiere tirar su voto".

Al final creo que gana Kang.

Así es como me siento yo ahora viendo el panorama político en España.

Por un lado está el PSOE, un partido presuntamente socialista, cuya política raya cada vez más en muchos aspectos con la derecha, y que en otros simplemente no aportan nada. Un partido que en su intento de abarcar a un electorado cada vez más amplio, ha acabado perdiendo sus señas de identidad (si es que alguna vez las tuvo).

Por otro lado está el PP, un partido de derechas, que defiende que son de centro reformista, con cuya ideología no me identifico, y con tantos casos de corrupción y malversación de fondos en sus filas que asustarían al mismísimo Mario Conde.

Y después están el resto de partidos, algunos menos malos que otros, pero sin la capacidad suficiente para atraer a un número importante de votantes como para tener algún peso político en el panorama nacional.

Y yo con mi papeleta en blanco, sin saber muy bien que hacer, sintiendo cada día más que lo que falla, no son los partidos, sino el sistema.

domingo, 4 de abril de 2010

El arcoiris de Feynman

Hace poco he terminado de leer El arcoiris de Feynman, de Leonard Mlodinow. Yo me esperaba un libro más técnico, más enfocado en la física, pero me he llevado una agradable sorpresa. He descubierto una apasionante novela autobiográfica de uno de los compañeros de Richard Feynman en el Caltech, el Instituto Tecnológico de California.

Mlodinow narra de una manera brillante, muchas de las anécdotas que vivió mientras trabajaba como investigador en el mismo pasillo del Caltech que Feynman. Cada encuentro con el gran físico es una lección de vida, una visión del mundo que te abre los ojos y te pone en la piel de un genio.

Feynman fue una persona con una gran personalidad. Alejado de los tópicos académicos que le rodeaban en el Caltech, se convirtió en una leyenda viviente. Ya durante su etapa en Los Álamos, mientras se desarrollaba la bomba atómica, Feynman se entretenía abriendo cajas de caudales y dejando notas en su interior para demostrar que la seguridad allí, no era tan buena como la gente presumía.

Durante su etapa en el Caltech, además de Feynman, Mlodinow conoció a Murray Gell-Mann, el otro gran físico de la época. Las disputas entre Feynman y Murray eran célebres en todo el campus, y aunque ambos se admiraban mutuamente, nunca dejaban pasar la oportunidad de poner al otro en una situación incómoda:

"Cuando nos acercamos, Murray estaba hablando con un visitante que al parecer acababa de llegar de Montreal. Solamente Murray insistía en pronunciar el nombre de la ciudad como lo hacían los nativos: 'Mon-ray-al'.

Feynman se volvió hacia Murray.
- ¿Dónde? - dijo.
- Mon-ray-al - repitió Murray.
- ¿Dónde está eso? - dijo Feynman - Nunca he oído hablar de Mon-ray-al. - Exageró la pronunciación de Murray para llamar la atención.
- He observado que existen muchas ciudades bien conocidas cuyos nombres no pareces reconocer - dijo Murray.
- Lógicamente, eso significa que o bien yo soy un ignorante... o tú las dices de una manera extraña.
- No es verdad. - dijo Murray - Lógicamente, podrían ser las dos cosas. - Murray era siempre muy quisquilloso con la precisión."

El libro tiene un ritmo genial que te engancha desde el primer momento. Yo me lo he leído en dos viajes en AVE; en el de vuelta terminé de leer la última página mientras la gente salía del vagón porque habíamos llegado a la estación. Cuando habla de física lo hace en un lenguaje llano que cualquiera puede entender. Un libro para pasar un buen rato, con un toque de humor y la visión de la física, pero sobre todo de la vida, de uno de los genios del siglo XX.