domingo, 9 de mayo de 2010

Inspiración

Por alguna extraña razón que no acabo de comprender, mi cerebro se activa a partir de la 1:00 de la mañana. Antes de esa hora, solo actúo por pura inercia, con el piloto automático puesto; pero llegada la madrugada, se activa la parte más creativa que hay en mí y soy capaz hasta de componer una sinfonía (o lo sería si hubiese estudiado solfeo). Es cuando estoy preparándome para irme a la cama cuando surgen las mejores ideas en mi mente, mis pensamientos fluyen como las mejores frases del rapero con el mejor flow. Soy inspiración pura de 1:00 a 4:00, pero a esas horas suelo estar ocupado en otras cosas, como planchar una camisa para el día siguiente o afeitarme la barba de 3 días del fin de semana que me hace parecer el primo guapo de Chewaka.

Hasta hace poco he tenido por costumbre dejar escapar las mejores ideas y creaciones que mi mente es capaz de generar; a lo mejor he tirado a la basura la futura mejor novela del siglo, o el guión de una serie de adolescentes que viven en Beverly Hills y fornican entre todos interpretados por cincuentones con mejor calidad narrativa de la historia. Pero desde hace un tiempo tengo en mi mesita de noche de Ikea una libreta y un bolígrafo que me permiten recoger mis violentas erupciones creativas para no privar a la humanidad de mi genio.

La otra noche, mientras me duchaba, comenzaron a amontonarse en mi cerebro decenas de ideas para un monólogo. Así que antes de acostarme, cogí mi moleskine color cartón con las hojas amarillentas de papel reciclado y empecé a escribir como un loco poseído por el espíritu de Eugenio (nótese la ausencia de una coma entre las palabras 'loco' y 'poseído'). Puede que algún día ese monólogo vea la luz, o quizás acabe perdido en una caja de mudanzas, librando al mundo de mi atroz creación. Pero al menos quedará constancia escrita de que un día conseguí juntar cuatro letras y plasmarlas en papel. Y además puedo tachar de la lista el "escribir un libro". Cortito pero intenso, como un artículo de Woody Allen en The New Yorker .

Ahora voy a dejar de escribir que tengo que ducharme, afeitarme y planchar una camisa.

7 comentarios:

Nimbusaeta dijo...

Me pasa algo parecido, así que te entiendo completamente. También tengo un cuadernito en el que apunto absolutamente cualquier chorrada que se me ocurre y me acuerdo de escribir. Pero a ver cuándo inventan la libreta que se controla con la mente y ni siquiera haga falta tenerla cerca... :P

Irune dijo...

¡Espero que el monólogo si vea la luz!
A mi me pasa igual, pero sospecho que mis ideas son igual de malas y que a esas horas, con el sueño me parecen mejores.
Como no he probado lo de la libreta...

Alury dijo...

A ti antes de dormir... a mí siempre me pilla en el baño xD

n.vázquez dijo...

Lo que son las cosas....Yo sin embargo, de 1 a 4, me plancharía yo, ducharía la plancha y afeitaría una camisa.

Nesta dijo...

@Nimbusaeta, la libreta que se controla con la mente está mucho más cerca de lo que la gente piensa.

@Irune, la verdad es que tengo que terminarlo, pero para eso necesito otra noche de inspiración, no quiero terminarlo mal y pronto.

@Alury, ya sabes, en vez de una revista, llevate un cuaderno.

@n.vázquez, yo eso por la mañana temprano, que la caraja no se me quita hasta que llevo una hora despierto.

mortiziia dijo...

La mención a la ausencia de la coma es lo más grande.

Isabel dijo...

son las mejores horas, ya también suelo ser nocturna, ahora no tanto porque hay que madrugar ...
lo de la libreta es genial, a mi me encanta porque puedes escribir donde sea ... una vez cree un post en el médico :D

un besito