martes, 12 de octubre de 2010

Aprendiendo a ser persona (interludio)

Cuando tenía 20 años sufría el síndrome del puto amo. Me sentía un peldaño por encima de la mayoría de la gente. Veía a casi todo el mundo como seres inferiores que no tenían la capacidad suficiente para ver la realidad de las cosas, que vivían alienados, atrapados en sus propias vidas, engañados, pasando por el mundo sin pena ni gloria.

En esa época, cuando alguien mayor que yo me argumentaba que la experiencia es un grado, que los años te hacen más sabio, que te enseñan a ver las cosas con perspectiva y te abren la mente, no podía evitar pensar que a mí eso no me pasaría, que tenía la suficiente capacidad mental para ver como eran las cosas aunque fuese joven. Yo no necesitaba hacerme viejo para ver las cosas como son.

Ahora, cerca de los 30 años, echando la vista atrás, comprendo qué equivocado estaba. He necesitado que pase el tiempo, que me pasen muchas cosas, conocer a mucha gente y vivir muchas experiencias para ver las cosas de otra forma. Supongo que es inevitable, nadie puede comprender lo que no ha vivido. Necesitamos pasar por ciertas cosas para entenderlas de verdad.

Ya no veo a nadie como alguien inferior, he aprendido a ver cosas buenas en casi todo el mundo, a sacar lo mejor de cada persona, incluso de aquellos con los que a priori no comparto nada. He soltado carcajadas sinceras con alguien que me parecía un estirado elitista; he hablado de temas profundos con gente que consideraba un poco marujos; he visto a gente aparentemente despreciable sufrir mucho por ver mal a otras personas.

La vida me ha dado lecciones que no esperaba recibir, y aunque me queda mucho para hacerme viejo, creo que empiezo poco a poco a entender qué es eso que llaman sabiduría. La sabiduría no está en los libros ni se enseña en ninguna clase. No tiene nada que ver con un título universitario ni con un máster o postgrado. Es otra cosa.

Esto no significa que me haya vuelto menos crítico, ni que piense que el mundo es un lugar maravilloso, y que todo el mundo es bueno. Sigo pensando más o menos lo mismo en esencia, pero ahora soy mucho más consciente de que puedo estar equivocado.

4 comentarios:

Irune dijo...

Ojalá a todo el mundo le pasara lo mismo...

Diego Alejandro dijo...

Estoy de acuerdo con tu punto de vista.

Janton dijo...

Creo que todos pasamos alguna vez por el Síndrome del Puto Amo, pero no todos saben verlo.

Ciertamente, por mucha información que tengas al respecto de algo, si no lo has vivido, difícilmente lo puedes juzgar. Siempre te faltará un punto de conocimiento sobre el tema.

La experiencia, por otro lado, te da perspectiva. Cosas que parecían muy importantes a los veinte, vistas tras diez o quince años... Ya no son nada. Y viceversa, cosas que a los veinte quedan lejísimos y ni piensas en ellas, de pronto resulta que son importantísimas.

Hay un momento a los veinte en que todos pensamos que los equivocados son los de la generación anterior, que nosotros, más listos, fuertes y preparados, no cometeremos sus errores, que seremos mejores y arreglaremos el mundo. Luego, entre los treinta y los cuarenta (Y ya ni te cuento más adelante) resulta que los de tu propia generación van ocupando el poder, y tu vecino idiota del quinto acaba siendo alcalde, y el amigo de tu prima Luisa se hace diputado por el PSC, y... Y entonces y solo entonces empiezas a comprender por qué el mundo va como va, y además nunca ha ido mejor...

n.vázquez dijo...

Me produce una inmensa alegría lo que te acabo de leer; no hace falta que te lo jure. Yo también pasé por eso y me dieron una lección de humildad a los 18, cuando las hormonas disparan la pequeña soberbia de quien se cree iluminado por la razón. Hoy intento no poner etiquetas y procuro tratar algo más a la gente si puedo. Si quieres te cuento algún día la anécdota.