lunes, 27 de junio de 2011

Espejos

Interior de un cuarto de baño. Raúl Alba está afeitándose frente al espejo cuando de repente, la imagen de su reflejo comienza a desvanecerse y aparece lentamente la imagen de otro hombre. Del susto, Raúl da un salto, resbala y cae dentro de la bañera, golpeando sin querer el grifo de la ducha y mojándose por completo. Al otro lado del espejo se produce una situación similar.

Raúl ha conseguido incorporarse, aunque tras mojarse la toalla que tenía puesta por la cintura, ha perdido toda la dignidad que pudiera tener.

- ¡¿Quién es usted?!
- ¡¿Qué clase de broma es esta?! ¡Casi me muero del susto!
- ¿Usted? Yo sí que he estado a punto de matarme.
- Oiga ¿No es usted Raúl, el del tercero derecha?
- ¿Cómo me conoce? ¿Quién es?
- Soy Luis, del segundo izquierda.

Raúl limpia un poco el vaho del espejo con la mano.

- ¿Luis? ¿Qué hace en mi cuarto de baño?
- Yo estoy en MI cuarto de baño.
- Déjese de historias, ¿cómo ha llegado ahí? ¿Está escondido tras una falsa pared?

Intenta mover el espejo buscando un hueco en la pared.

- Le digo que estoy en mi baño. Estaba lavándome la cara cuando ha aparecido usted en mi espejo. He estado a punto de darle un puñetazo.
- Mire Luis, si estuviera en su cuarto de baño, yo no podría verle ahora mismo.
- Estoy tan sorprendido como usted. No crea que aparecen a menudo vecinos en el espejo de mi baño. Debe ser la pared que nos separa, los edificios de hoy en día son de cartón piedra.
- ¿Qué pared? Usted vive en el segundo piso y yo en el tercero, nuestras paredes no son colindantes.
- Será un error del arquitecto, ya sabe lo que pasa cuando se hacen las cosas con prisas.
- ¿Me está hablando en serio? Es imposible que nuestras paredes sean contiguas, su pared está 3 metros por debajo de la mía. Tendría que haber aparecido Laura, la vecina del tercero izquierda.
- Eso le gustaría, ¿eh?

Luis le guiña un ojo.

- No me refería a eso, soy un hombre casado.
- Yo también estoy casado Raúl, y le aseguro que preferiría un millón de veces tener ahora mismo a Laura en frente en vez de a usted. ¡Ya lo tengo! Vayamos al segundo derecha; desde ese baño debería verse el de Laura.
- Creo que se equivoca, si yo veo su baño desde el mío, el de Laura debe verse desde el cuarto derecha. ¡Y qué más da eso! ¡Esto es una locura! Voy a romper el espejo y veremos qué pasa.
- ¡Un momento! Si parte su espejo puede que rompa el mío también. No me apetece pasarme la noche recogiendo cristales.
- ¿Prefiere que todas las noches cuando entre en el baño esté yo en su espejo?
- No golpee muy fuerte; espere a que me aparte.
- Voy a por un martillo.

Raúl va al trastero a buscar la caja de herramientas. Está en un estante alto, tiene que ponerse de puntillas para alcanzarla y al cogerla, se abre y caen sobre su cabeza cientos de tornillos, espiches, una llave inglesa, unos alicates, un martillo, un juego de llaves Allen y varios destornilladores. Los gritos y maldiciones se escuchan en todo el edificio.

Con el martillo en la mano se dirige de nuevo al baño, con cara de pocos amigos, dispuesto a golpear el espejo de manera violenta, cuando de repente ve a Mercedes, la vecina del cuarto izquierda, de 74 años y viuda. Esta al ver a Raúl con el martillo en la mano comienza a gritar de pánico. Raúl se da cuenta de la situación y tira el martillo, rompiendo un azulejo de la bañera.

- ¡No se asuste, Mercedes! Soy Raúl, el vecino del tercero derecha.

Raúl camina hacia el espejo mientras habla, con tan mala suerte que pisa la toalla que lleva en la cintura, quedándose completamente desnudo. Mercedes empieza a chillar aún más fuerte y sale corriendo del baño. Raúl resbala con la toalla y cae al suelo, golpeándose la cabeza con el bidé y perdiendo el conocimiento.

A los 2 minutos despierta, intenta levantarse aunque está un poco aturdido, consigue ponerse en pie y al mirar al espejo se encuentra a Laura, del tercero izquierda. Sorprendido y al darse cuenta de que está desnudo, se agacha buscando la toalla para taparse, pero vuelve a resbalar y se cae, golpeándose de nuevo la cabeza, esta vez mucho más fuerte. El golpe es letal.

Al otro lado del espejo aparece Luis con un bate de béisbol.

viernes, 24 de junio de 2011

Un concepto

Lo mismo que no existe un límite de lo grande que puede ser algo (un planeta, una estrella, una galaxia, el universo), es posible que no exista un límite de lo pequeño que pueda ser (una célula, un átomo, un electrón, un quark). Todo depende de la escala, y teniendo en cuenta que un milímetro podemos dividirlo por la mitad infinitas veces, sería posible que dentro de un electrón existiera un universo, con seres que, para nosotros serían diminutos, pero en su escala serían de un tamaño razonable. También sería posible que nuestro universo no fuera más que una pequeña canica en un planeta que, dentro de una escala muy superior, tendría un tamaño "normal" y que estaría, a su vez, dentro de una galaxia y en un universo infinítamente más grande que el que conocemos.

Con esas diferencias abismales de tamaño, los efectos que tendría uno de los universos contenedores sobre las leyes físicas de uno de los universos contenidos, serían despreciables salvo en determinadas escalas (la teoría cuántica y la gravedad). No se me ocurre ninguna razón por la que nuestro unvierso no pueda situarse dentro de este marco teórico. Es más, me gusta pensar que es así, y como esta teoría es presuntamente inocente, que venga alguien y la rebata.

lunes, 20 de junio de 2011

Perspectiva

Eloisa miró hacia el cielo y pudo ver como el sol se ocultaba tras una nube. No era una nube bonita, pero si no hubiera estado ahí, el sol habría dañado su vista.

Comenzó a caminar de vuelta a casa, y a mitad de camino, la nube descargó un chaparrón que la mojó de la cabeza a los pies. Eloisa odiaba la lluvia, sobre todo cuando no llevaba paraguas. Al llegar a casa corrió a cambiarse de ropa y se asomó a la ventana. Estuvo lloviendo durante media hora y al terminar, salió fuera a pasear. Mientras caminaba, se acercó a un arbusto que había junto a su casa y contempló como las gotas de lluvia seguían resbalando por las hojas, formando un bellísimo espectáculo. Al acercarse más, pudo ver el reflejo invertido de las flores del arbusto a través de una de las gotas, y no pudo imaginar nada más bonito que eso.

A veces nuestro punto de vista nos impide ver las cosas en toda su magnitud.