viernes, 15 de marzo de 2013

El rato que fui de amena

Imagen: Flickr
Hace algo más de un mes que terminó el periodo de permanencia que tenía con Yoigo, y viendo los precios de las tarifas de voz y datos del mercado, decidí cambiar de compañía para ahorrar unos euros al mes. Después de ver varias opciones, me decidí por amena, que por 7 euros más IVA al mes, ofrece 1 GB de datos y llamadas a 1 céntimo el minuto (más 15 céntimos de establecimiento por cada llamada). Solicité la portabilidad a través de Internet y al momento comenzó a tramitarse.

Al día siguiente me llamaron de Yoigo para preguntar por la potabilidad y el motivo de la misma, y tras escuchar mi explicación, me ofrecieron una tarifa muy parecida, pero con 3000 minutos al mes de llamadas a 0 céntimos el minuto (más 15 céntimos por llamada…). Tras sopesarlo un poco, y teniendo en cuenta que hasta ahora el funcionamiento de la red había sido bastante bueno, decidí aceptar la contraoferta y permanecer en Yoigo. Y ese día descubrí el porqué de la mala fama de las compañías de telefonía móvil.

En primer lugar, desde Yoigo me dicen que tengo que llamar a amena para cancelar la potabilidad, pero es más fácil hablar por teléfono con Obama que con atención al cliente. Después de 5 ó 6 intentos, cuando me cogen el teléfono, me dicen que el horario de cancelación de portabilidades es hasta las 14:00 (!!!!). Al final me vuelven a llamar de Yoigo para comunicarme que la portabilidad ya está hecha, pero que pueden gestionar mi vuelta directamente si estoy de acuerdo.

En ese momento me doy cuenta de que he cometido el error de no solicitar el código de desbloqueo para liberar el teléfono en el mismo momento que me ofrecieron la "retroportabilidad", así que el día que recibo la tarjeta de amena, al ponerla, compruebo que no puedo usarla e intento solucionarlo. Llamo a atención al cliente de Yoigo y un contestador comienza a pedirme mis datos. Una vez introducido el móvil y el dni me comunican que mis datos no coinciden con ningún cliente (efectivamente, durante ese día, a efectos prácticos, yo no era cliente), por lo que no puedo pasar la barrera de ese contestador. Busco varios teléfonos por Internet y tras llamar a unos 5 ó 6 números diferentes, consigo que una operadora me confirme que, la única opción de que ellos me faciliten el código para liberar el móvil, es que sea cliente en el momento de pedirlo. Si había sido cliente un día antes, durante más de un año y medio, o iba a serlo de nuevo al día siguiente, no tiene ninguna importancia, porque justo en ese momento yo no era cliente.

Después de un rato charlando, le pregunto a la operadora que, si yo no quisiera volver a Yoigo y quedarme en la otra compañía, la única opción que tendría para liberar el móvil sería, volver a solicitar la potabilidad a Yoigo, solicitar el código, y automáticamente volver a solicitar la potabilidad a otra compañía. Ella me confirma que es la única opción que me quedaría.

Finalmente, tras la odisea de llamadas, decido tirar por la calle de en medio y, aprovechando que el móvil es android y tengo permisos de root, descargo del market una aplicación que, tras un par de clics y unos 2 minutos de espera, libera el teléfono permitiendo usar una tarjeta SIM de cualquier compañía. Meto mi tarjeta de amena y comienzo a usar el móvil desde aproximadamente las 20:00, y a las 2 de la mañana vuelvo a ser cliente de Yoigo.

He sido cliente de Yoigo más de un año y medio, he sido cliente de amena durante varias horas, y en ambos casos tengo la misma sensación desesperante de ver lo mal que gestionan las relaciones con los clientes las compañías telefónicas.

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