miércoles, 27 de enero de 2016

Controla esa angustia, inútil

Imagen: Flickr
El mercado de las terapias alternativas está en auge desde hace algunos años. Donde la medicina convencional (o el maltrecho sistema sanitario público) no llega, aparece un método alternativo para aliviar nuestro malestar. Desde la homeopatía, hasta el mindfulness, pasando por un amplio surtido de variopintas terapias.

Sin entrar a juzgar cada una de ellas, si son un timo o funcionan, creo que lo verdaderamente importante es analizar el porqué de su existencia. ¿Qué nos ha llevado como sociedad a acudir cada vez más a este tipo de alternativas? ¿Por qué se está instalando entre la gente la creencia de que la medicina moderna no funciona siempre y que hay que buscar otros métodos?

Cuando un problema es sistémico, generalmente centramos nuestros esfuerzos en encontrar un remedio. El cáncer es una enfermedad social, un conjunto de circunstancias como la alimentación, la contaminación o el estrés, que combinados generan desequilibrios en nuestro organismo, y una acumulación de sustancias tóxicas, ante las cuales, nuestras células se rebelan. Es un grito de auxilio de nuestro cuerpo ante el ataque constante al que lo sometemos. ¿Podrá la medicina algún día encontrar una cura definitiva a esta enfermedad? Es posible, pero estamos de nuevo desviando la atención del foco principal, el origen. Solo un profundo cambio social y económico, que nos permitiera llevar otro tipo de vida, sin el consumo frenético del capitalismo, puede combatir este tipo de males de forma radical.

Lo mismo ocurre con la depresión, que se ve acentuada cada vez más por el ritmo de vida que llevamos, la presión de la publicidad y las crisis económicas inherentes a un sistema capitalista. Solo un cambio de sistema podrá solucionar estos problemas de raíz. Todo lo demás son parches para ir tirando, soluciones temporales o medidas para sobrevivir a un mal mientras generamos el siguiente.

Cuando no se quiere indagar en las causas de tantos males, porque eso implica un cambio de verdad, porque eso requiere valor por nuestra parte como sociedad, para asumir que estamos equivocados y que nos estamos destruyendo a nosotros mismos, acaban surgiendo todo tipo de mantras que culpabilizan al individuo de su situación. El clásico "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", con el que se lavan las manos los responsables de la actual crisis, es el más claro ejemplo, pero no el único, de como se divide al pueblo entre buenos y malos, los que han actuado bien y los que no, los que invirtieron bien sus ahorros y los que no. La única responsabilidad que existe es la individual, porque la comunidad no existe ya, no nos importa la humanidad como conjunto, sino nuestra propia libertad llevada al extremo más absurdo. Preferimos morir solos que vivir acompañados. De esta forma, el individuo aislado, alienado y deprimido, acaba asumiendo que el problema está en él, y que debe buscar una solución a toda costa para volver a la senda marcada, al camino del que salirse puede costarte la vida.

¿Quiere esto decir que no hay enfermos mentales, que todos los males son sociales? Ni mucho menos; siempre habrá enfermos que curar, personas que en cualquier entorno sufrirán trastornos que requieran un tratamiento, pero me da la impresión de que en este mundo loco que no da cabida a los que no encajan, no son todos los que están. ¿Cuántas personas excepcionales se habrá llevado por delante este sistema en su afán de globalizar hasta el pensamiento?